Kevin salió de la Mansión Hill dejando atrás la sombra de Verónica y sus lágrimas manipuladoras. Cerró la puerta principal con una firmeza calculada, como si quisiera sellar ese episodio para siempre.
El eco del portazo se disipó en el enorme recibidor, y él caminó hacia su vehículo sin volver la vista atrás.
La noche comenzaba a caer sobre la ciudad cuando se acomodó en el asiento de cuero negro. Echó una mirada hacia el reloj en su muñeca: las agujas marcaban una hora que para muchos signi