Kevin tenía las facciones endurecidas. Leah lo tenía en la palma de su mano sin mover un solo dedo. Incluso herida, había sabido cómo acorralar a su esposo. El hombre permaneció en silencio, evaluando sus opciones, aunque sabía que no tenía muchas. Durante los días en que sus suegros permanecieran en el país, no sería más que el juguete de Leah.
Mientras tanto, la asesora fue guiada hasta el jardín por Ana, quien aún no se atrevía a confesarle que su patrón no podría recibirla. Aun así, se mos