El vehículo fue puesto en marcha. Kevin no pronunció una sola palabra más, pero Leah ya sabía que su marido jamás pondría en riesgo sus negocios. No le quedaba otra opción que cooperar con él. Si esto fracasaba, sus padres la enviarían a Francia, y aquello no estaba en sus planes.
Hizo una mueca al sentir los pequeños pinchazos de sus heridas. Kevin lo notó de inmediato.
—Diremos que te has caído —anunció con tono práctico—. Pero también diremos que estuve pendiente de ti.
—Estás exagerando