Leah regresó a la clínica. A pesar del movimiento constante en los pasillos, todo parecía envuelto en una calma extraña, como si el tiempo dentro del edificio estuviera suspendido. Afuera de la habitación de Kevin, dos guardias uniformados permanecían de pie, firmes, como columnas inamovibles. Eran hombres de confianza de Kevin Hill, y aunque su empleador estaba inconsciente, su lealtad seguía intacta.
Cuando vieron a Leah acercarse, enderezaron su postura aún más, inclinando la cabeza con un