El silencio reinaba aún en el área privada del restaurante. El murmullo lejano del resto de los comensales era apenas un eco suave tras los cristales esmerilados. Kevin y Leah permanecían frente a frente, el aire entre ellos vibrando con esa tensión que parecía ya habitual desde que habían llegado a Madrid.
El camarero había servido la comida con extrema cautela y se había retirado en silencio, sabiendo —como cualquiera que tuviera ojos— que aquella mesa era un campo minado.
Leah cortó un peq