—Perdóname, mami… perdóname por mentirte —susurró Leah, inclinándose sobre el cuerpo inmóvil de su madre—. Por decirte que yo estaba intentando que mi matrimonio con Kevin Hill fuera real. Era una mentira, mamá… yo… no pude decirte la verdad porque no quería que te preocuparas, no quería romperte el corazón. Y ahora… ahora estoy aquí, hablándote cuando ya no puedes escucharme…
Su voz quebró.
Las palabras parecían atorarse en su garganta y desgarrarla cada vez que las intentaba sacar. Apretó la