Leah estaba sentada en la cama, con las rodillas recogidas y los brazos rodeándolas, como si quisiera hacerse pequeña ante un mundo que, de repente, se le venía encima. No había lágrimas en sus mejillas en ese instante, pero sus ojos rojos y el leve temblor de sus dedos revelaban que no estaba tan tranquila como intentaba aparentar.
Kevin la abraza con suavidad, dejándole espacio para respirar. No sabía si debía tocarla o esperar, pero su instinto lo empujaba a protegerla, a envolverla, a sost