Leah avanzó por los pasillos silenciosos de la villa. El eco de sus pasos se mezclaba con el leve zumbido del viento que se filtraba por las ventanas, y aquel silencio le resultaba inquietante, casi opresivo. Llegó hasta la cocina y abrió el refrigerador para tomar una botella de agua. Sin embargo, al cerrarlo, un sobresalto la sacudió por completo: estuvo a punto de gritar.
Kevin estaba allí, inmóvil, observándola en silencio.
Él frunció el ceño ante la reacción exagerada de su esposa. Ambo