El silencio se hizo tan denso que podía escucharse el ritmo del corazón de Leah. El aire, tibio por la calefacción, parecía pesar sobre su pecho. Henry seguía allí, frente a ella, con el brillo en los ojos de quien está a punto de cruzar una línea que no debería.
Por un segundo, los recuerdos de su juventud se mezclaron con el presente, las ilusiones que alguna vez ella tuvo con Henry. Pero esa Leah ya no existía. Ahora era una mujer que había aprendido a erguirse entre tormentas y a construir