El corazón de Leah comenzó a latir con fuerza.
El aroma de su colonia, la cercanía de su cuerpo, el calor que emanaba de su piel desnuda bajo la camisa… todo la desarmaba por dentro.
Pero su orgullo era más fuerte.
—¿Yo buscándote? —repitió, dejando escapar una risa nerviosa, amarga—. No te creas tanto, Kevin. No todas las mujeres se derriten con tus encantos de empresario arrogante.
Kevin arqueó una ceja.
—No parece que lo odies tanto, considerando que no puedes ni moverte.
—Te estoy pid