La tormenta continuaba rugiendo sobre Bella Vista como una bestia enfurecida, iluminando el cielo con relámpagos que parecían desgarrar las nubes. El viento empujaba las copas de los árboles con violencia, y la lluvia azotaba las ventanas de la Mansión Hill como si quisiera atravesarlas. Era la clase de clima que anunciaba desgracias… y en ese preciso momento, la desgracia estaba por confirmarse.
Arturo caminaba con el teléfono pegado a su oído, la mandíbula tensa y el ceño fruncido. Desde que