La ambulancia avanzaba devorando el asfalto mojado, mientras la tormenta se empeñaba en castigar la ciudad con truenos que hacían vibrar las ventanas. Dentro, el cuerpo de Kevin era atendido por dos paramédicos que trabajaban sin descanso para estabilizarlo. El monitor cardíaco marcaba un ritmo irregular, pero vivo. A veces débil, otras alarmante. Era una línea zigzagueante que parecía debatirse entre caer y seguir luchando.
—La hemorragia sigue activa —dijo uno de los paramédicos con voz ten