El cielo estaba gris. No un gris apagado, sino uno denso, como si las nubes cargaran con el mismo peso que oprimía el pecho de Leah.
El funeral se había organizado con la rapidez y el profesionalismo que un apellido como Presley exigía; sin embargo, nada de eso suavizaba el temblor en las manos de la heredera mientras permanecía de pie, frente a los dos ataúdes donde descansaban sus padres.
La sala velatoria estaba en silencio, excepto por el murmullo suave de los presentes. Directivos, soci