La noche había caído por completo cuando el vehículo se detuvo frente a Villa La Matilde.
Las luces exteriores se encendieron de inmediato, como si la casa reconociera el regreso de Leah y quisiera recibirla con un abrazo silencioso. Sin embargo, ella no lo sintió así. Todo en su cuerpo pesaba.
Ana se apresuró a abrir la puerta, pero Leah apenas le dedicó una mirada cansada y una leve sonrisa.
—Estoy bien —dijo antes de que alguien pudiera preguntarle algo—. Solo necesito descansar. Fue u