El despertar fue lento, denso, como si el aire tuviera peso.
Kevin abrió los ojos con una presión incómoda en el pecho y una molestia persistente en el costado, un dolor sordo que no gritaba, pero tampoco permitía olvidarlo. No era la Mansión Hill. No era la clínica. No era la Villa La Matilde. El techo era alto, de líneas limpias, madera oscura y ventanales enormes por donde entraba una luz distinta, más cálida, más viva. El aroma tampoco coincidía con ninguno de los lugares que su memoria in