La mañana se instaló por completo en la habitación privada del hospital. La noche había pasado de una manera sorprendentemente tranquila, un verdadero respiro de paz que los cuerpos de ambos agradecían profundamente.
El primero en abrir los ojos fue Wei, quien se encontraba acomodado en un sofá-cama bastante amplio y cómodo que Arrieta había exigido a la administración del hospital para que el líder de la Tríada pudiera estirar su pierna enyesada. Wei se frotó el rostro, estiró los brazos y, de