Minutos después, la puerta de la habitación privada se abrió con un suave chirrido. Una enfermera especializada entró empujando una cuna térmica donde el pequeño varón descansaba plácidamente. Ya no tenía el tubo en la garganta, solo una delgada cánula de oxígeno en la nariz que le permitía respirar con total tranquilidad.
Acompañándolo, el médico jefe de neonatología entró con el expediente clínico bajo el brazo y una expresión que combinaba el alivio profesional con la cautela médica. La enfe