El ambiente en la sala de espera era un remolino de emociones, pero el centro de la comedia —y el drama— estaba en el suelo del quirófano. Marco y Vicente, que habían logrado entrar tras la conmoción, no pudieron evitar soltar carcajadas al ver a su jefe, el hombre más temido de la ciudad, desmayado como una quinceañera después de enterarse de que tendría trillizos.
—¡Toma la foto, Vicente! —susurró Marco entre risas mientras sacaba su teléfono—. ¡Esto tiene que quedar para la posteridad!
Le to