Los días en el hospital se convirtieron en un ciclo borroso de luces fluorescentes y silencio pesado. El aire en la habitación de Cassandra se sentía estancado, cargado de una angustia que parecía no tener fin.
Clara entró esa tarde, con los ojos hinchados de tanto llorar. Se sentó a los pies de la cama y tomó la mano inerte de su hermana.
—Hermanita, por favor, despierta... —su voz se quebró—. Necesito contarte todo lo de mi luna de miel, los regalos que les traje a ti ... tengo tantas cosas p