El final de la noche llegó rodeado por la brisa fresca de Miami. Tras las despedidas, los brindis y las risas que aún resonaban en los pasillos de la mansión Lin, Ángelo y Cassandra subieron a su camioneta blindada. Los trillizos ya dormían profundamente en sus portabebés en el asiento trasero, ajenos al mundo de pólvora y dinastías al que pertenecían.
Fue al llegar a su propia residencia cuando Ángelo lo notó. Mientras acomodaba los portabebés para bajarlos, sus ojos oscuros se fijaron en un b