El ambiente en la entrada de la mansión Di Santi era una mezcla de alegría y la típica sobreprotección de la mafia. En la entrada principal, tres camionetas blindadas esperaban con los motores en marcha para escoltar a los recién casados al aeropuerto privado.
Arrieta terminaba de acomodar el cochecito de la bebé en el maletero de la camioneta principal, luciendo ropa mucho más fresca y cómoda, con su rostro aún liso por la rasurada. A su lado, Mein se despedía de la familia con esa elegancia i