El silencio que reinaba en el gran comedor de la mansión Di Santi era denso, pero ya no era un silencio de desgarro, sino de absoluto respeto y asimilación. Tras los días tan duros que habían dejado atrás, toda la dinastía se encontraba reunida alrededor de la imponente mesa de madera oscura para compartir la cena.
El ambiente era cálido, iluminado por los candelabros de la sala. Cassandra y Clara estaban sentadas juntas, cansadas, con los ojos aún ligeramente hinchados por las lágrimas del cem