El calor dentro de la oficina era sofocante, cargado del aroma del deseo y la jalea de fresa que aún decoraba la piel de ambos. Wei, manteniendo el control para no lastimarla pero completamente dominado por la lujuria, tomó a Clara por la cintura y la levantó del escritorio con cuidado. Sin romper la conexión de sus cuerpos por completo, la llevó hasta el amplio sofá de cuero negro de la esquina.
Se recostó sobre el respaldo, y Clara, impulsada por la intensa descarga de hormonas que la tenía