El interior del deportivo de Wei se sentía asfixiante. El olor a cuero nuevo se mezclaba con el perfume cítrico y dulce de Clara, creando una atmósfera densa que le dificultaba a Wei pensar con claridad. Él la miraba de reojo, apretando el volante con una fuerza que hacía que sus venas resaltaran en sus manos.
—¡Mi loto, por favor! —suplicó Wei, con la voz quebrada por la frustración—. Dime qué hago para remediar esto. Te extraño tanto que me duele el pecho, necesito besarte y saber que sigues