Li Wei salió del Jade Palace con el cuerpo aún caliente y la mente fría. El encuentro con Valeria había sido exactamente lo que necesitaba: un desahogo violento, sin palabras dulces, sin miradas tiernas. Solo poder. Solo control. Se subió al auto negro que lo esperaba y dio la orden al chofer en voz baja:
—Al almacén. Tengo que hablar con Zhang.
El auto se movió por las calles de Chinatown, pasando por letreros en neón rojo y dorado que parpadeaban como ojos vigilantes. Li Wei se recostó en el