La tormenta en la habitación de los Di Santi amenazaba con derribar las paredes. Ángelo la tenía sujeta por las caderas en esa posición de rodillas, pero Cassandra, lejos de dejarse someter por completo, se impulsó hacia atrás con una fuerza felina, obligándolo a sentarse en el colchón para recuperar el dominio de la situación. Se acomodó sobre él una vez más, buscando esa profundidad que la hacía perder el sentido, moviéndose con una cadencia aún más deliciosa, rítmica y pecaminosa que hizo qu