La puerta de la suite se deslizó con un susurro electrónico. Clara, que estaba intentando calmarse tras los mensajes de Wei, se tensó al instante. Cassandra se puso de pie, forzando una sonrisa al ver a Ángelo, pero su expresión se congeló al ver quién venía detrás.
—Buenos días, pequeña Mamba —dijo Ángelo, acercando su silla a la cama con una ternura que contrastaba con la frialdad que traía del pasillo—Te ves mejor hoy.
Wei entró cerrando la puerta tras de sí. Se quedó de pie a los pies de la