La habitación estaba sumida en una penumbra estratégica, iluminada solo por la luz tenue de una lámpara que alargaba las sombras. Cassandra lo esperaba en el centro de la cama, y el impacto visual fue un golpe directo al estómago de Ángelo. Llevaba un conjunto de encaje rojo sangre: un brasier transparente que apenas contenía la urgencia de sus senos y una tanga diminuta que se perdía entre sus nalgas. Estaba de rodillas, con el cabello azabache cayéndole por la espalda y los labios pintados de