Luna
El amanecer me encontró despierta, con los ojos fijos en el techo de piedra de mi habitación. Llevaba días evitando a Vladislav después de nuestro "duelo", si es que podía llamarse así a aquella danza mortal que terminó con sus colmillos rozando mi cuello y mi cuerpo temblando bajo el suyo. No por miedo, sino por algo mucho más peligroso.
Me levanté decidida a mantener mi mente ocupada. Me vestí con ropa de entrenamiento: pantalones ajustados negros y una camiseta sin mangas que me permitía