Vladislav
La noche se extendía como un manto de terciopelo negro sobre el bosque. Desde mi ventana, observaba las sombras danzar entre los árboles mientras la luna, irónica homónima de mi tormento, brillaba con una intensidad casi burlona. Llevaba tres noches sin dormir adecuadamente. Tres noches en las que su rostro, su aroma, su voz, se colaban en mis pensamientos como un veneno dulce.
Luna. Mi Luna.
No. No era mía. No podía serlo.
Me serví otro vaso de sangre mezclada con whisky, una combinac