Ámbar
Me imaginé muchos escenarios en los que David me gritaba, me reprochaba o simplemente me ignoraba. Incluso en el mejor de los casos, imaginé que solo se iría.
Pero me abraza con fuerza, jadeando como si le faltara el aire y acabara de recibir una buena noticia.
—David…
—Te amo —declara, tomándome del rostro—. Pecas, te amo, ¡vamos a tener otro hijo!
—Te estoy diciendo que…
—Es mío, yo sé que es mío. Sentí cuando tú… estabas fértil.
—¿Qué?
—Que el bebé es mío, no tengo dudas.
Las lágri