Ámbar
Mis hijos se muestran sumamente encantados con los regalos que J.R. Oviedo envió para ellos y que les entrego cuando nos metemos al auto, luego de recogerlos del colegio.
—Es el que quería, guau —susurra mi hija—. ¿Me lo pones en casa, mami?
—Por supuesto, cielo.
—Me gusta este reloj, es igual al que dibujé —se ríe.
Aquel comentario me hace fruncir el ceño, pero de pronto el chófer frena un poco de golpe. Se trata de que acaba de esquivar un gato que ha saltado de la nada.
—Demonios,