Ámbar
—Te ves preciosa —me elogia Ana cuando bajo las escaleras.
A medida que bajo, siento cada vez más el peso de la bolsa con mis cosas. No sé qué demonios estoy haciendo, pero sé que lo haré.
—Gracias, Ana. Me costó un poco elegirlo, pero creo que es adecuado y cómodo para estar con los niños.
—¿Para estar con los niños o para reavivar el amor en el señor Ruiz?
—¡Oye! —exclamo, riéndome—. Yo no pretendo… Está bien, un poco sí. Pero esto no es un tema de seducción, es un tema de venganza.
Ana