Ámbar
La luz que se cuela por la ventana de la habitación es lo que me hace despertar. No me sobresalto al ver a David mirándome como si fuese lo más hermoso del mundo, ya que tengo muy presente que tuvimos sexo como locos hasta que caímos rendidos.
También soy consciente de que fue la cogida más increíble de toda mi vida.
—Buenos días, Pecas —susurra, pasando el dedo por una de mis mejillas—. Supongo que ahora querrás escaparte y fingir que esto no pasó.
—Supones bien con la parte de escaparme,