Ámbar
Después de que Gustavo se lleva a Ruth, el restaurante se vuelve un caos. David me toma del brazo y me saca de allí. Antes, por supuesto, les ha dado dinero a esos muchachos y ha hablado con el gerente para que nadie llame a la policía.
—¡¿Qué demonios le pasa a tu amigo?! —le recrimino cuando salimos—. Está loco, pudo haberlos matado.
—Cálmate, lo hizo porque estaba celoso.
—Celoso —me río—. Eso es más que celos, David, eso es estar loco.
—A ti, evidentemente, no te gustan esas cosas.