Ámbar
Al llegar a la casa, Ana recibe a mis niños con una gran sonrisa. Ellos corren a abrazarla y le cuentan felizmente el día que tuvimos, que culminó con una ida al cine y una cena de comida rápida.
Aunque estoy hecha un desastre por el cansancio, valió la pena por verlos tan felices. Sé que en parte se debe a que por fin pudieron tenernos a David y a mí juntos, pero eso no disminuye mi satisfacción.
—¿Es cierto que el señor Ruiz y tú se vieron hoy? —me pregunta asombrada mientras vemos subir