Ámbar
Las primeras horas con mis recién nacidos pasan rápidamente. Soy la madre más feliz del mundo, pero al mismo tiempo, la mujer más infeliz. Haber pedido el divorcio y que David aceptara ha llenado mi corazón de una amargura aplastante.
Aun así, sé que esto es lo mejor y lo único bueno que David puede hacer por mí. Lo nuestro nunca tuvo y nunca tendrá futuro. Siempre estará la sombra de la desconfianza metiéndose entre ambos, su círculo social y la presión de la hasta que hace unos meses co