Ámbar
David me sacó de aquella fiesta, pero ya poco me importa. No me puedo sentir más humillada y burlada. Esto es incluso peor que el día de mi boda, ya que ese día solo fue herido mi orgullo.
En este momento, mi corazón está roto en mil pedazos.
—Te vas aquí —me dice él, metiéndome al auto de su chófer. La forma en que me trata ahora es brusca, muy diferente a la delicadeza de los días anteriores.
—¿Todo fue una mentira? —le pregunto, deshecha.
David me dedica una mirada larga y extraña, care