Ámbar
David y yo regresamos a casa después de que nos dieran las indicaciones que debo seguir para recuperarme lo antes posible de la anemia y la deshidratación. A él no le parece raro que me hayan indicado vitaminas, así que se detuvo a comprármelas de camino a casa.
—¿Te sientes mejor? —me pregunta, observándome con atención mientras vuelve a subirse al auto.
—Sí, estoy mejor —respondo, fingiendo tranquilidad.
Estoy agobiada pensando en lo que debo hacer a partir de ahora para que no me descub