Ámbar
Mis súplicas pronto se convierten en murmullos sin mucho sentido. Nada en mi cabeza tiene lógica. En el momento en que David entró, estaba a punto de saltar de alegría. Finalmente, me atreví a pedirle ese préstamo a Joshua, quien, como si nada, me transfirió el dinero restante a mi cuenta. Por fin pude juntar esos diez millones que tanto necesito.
Posiblemente, cualquier otra persona se cuestionaría cómo logró conseguir esa cantidad tan rápido, pero yo confío en él. Joshua siempre ha sido