Ámbar
Al despertar con todas las articulaciones hechas polvo, me doy cuenta de que David no está en la cama. Antes de asumir que realmente no está, lo busco por todas partes y hasta le pregunto a Ana. Ella me informa que David ya se fue al trabajo y me insiste en que desayune algo.
—Por ahora no, necesito revisar algo.
—De acuerdo, pero no se tarde. Tiene que comer algo porque puede tener otra baja de azúcar.
—Descuida, anoche cené bien y dudo que me suceda. Además, solo tardaré unos minutos.
—E