La tarde en Thalassa caía con una parsimonia dorada, filtrándose por las persianas de la oficina de Gabriel. Isabella había regresado de su hora de almuerzo con una pequeña bolsa de cartón reciclado y una expresión de satisfacción que no recordaba haber tenido en semanas.
Al entrar en el hangar, se encontró con Lucas y Martha, que estaban revisando el inventario de suministros médicos cerca de la ambulancia.
—¡Miren quién ha vuelto a la civilización! —exclamó Lucas con una sonrisa burlona, secá