Mundo ficciónIniciar sesiónEl Palacio de Justicia de Olimpia era un mausoleo de mármol blanco y vidrios polarizados que reflejaba el cielo gris de la capital. El aire acondicionado zumbaba con una frialdad artificial que se colaba por los huesos, pero esta vez no me estremecí. Llevaba un traje de corte impecable color azul noche, el cabello negro perfectamente alisado y los ojos ámbar fijos en las grandes puertas dobles de la sala del tribunal.
A mi lado,







