Narrado por Isabella
El aire de la costa de Positano no tenía la frialdad corporativa de Olimpia, ni el peso de los recuerdos traumáticos de Thalassa, ni el aislamiento gélido de los Alpes suizos. Aquí, el viento del Mediterráneo soplaba con un aroma a limoneros silvestres, sal pura y albahaca fresca. La casa, una estructura de piedra blanca colgada de los acantilados italianos con vistas al mar Tirreno, se había convertido en nuestro verdadero santuario. Habíamos dejado atrás los imperios de