Zahar…
La cocina estaba inusualmente tranquila. Solo el tic metálico del reloj digital y el murmullo lejano de las pantallas encendidas en la sala marcaban el paso del tiempo. Víctor se apoyaba contra la encimera, con las mangas de su camisa remangadas y los ojos hundidos por el insomnio, como si llevara noches enteras en vela.
Yo sostenía una taza de café que ya no quemaba. No lo había probado, solo necesitaba algo que ocuparan mis manos para no explotar con palabras.
Víctor también tomó una t