Zahar…
Me desperté antes del amanecer, dormir fue imposible.
No importaba que el colchón fuera más suave que una nube o que la suite tuviera paredes insonorizadas y luces tenues que intentaban imitar calma. Mi cuerpo estaba hecho de electricidad, de rabia contenida, de miedo enquistado en los huesos y, sobre todo, de sexo para poder drenar esta tensión tan grande, pero tampoco nos ayudó mucho.
Mi miedo por lo que le pudiera ocurrir a Kereem era más grande, y mi mente no dejaba de pensar en los