Zahar…
Volver a la oficina fue como cruzar una frontera invisible. Mi cuerpo aún tenía las marcas de Kereem latentes, los músculos aún susurraban su nombre cada vez que me movía, pero mi mente ya estaba en modo misión.
Efectivamente, Kereem no dejó que nadie me buscara y Asad mismo me acercó al apartamento, para poder vestirme adecuadamente y llegar aquí.
El protocolo se activó en cuanto entré. Personal de seguridad, revisión ocular, y el saludo formal de los asistentes. Todo exactamente como d