La mansión de Gregory Voloshyn, oculta en los bosques bálticos, era un santuario de oscuridad y arrogancia. En su estudio, iluminado solo por el fuego crepitante de la chimenea y una lámpara de escritorio de bronce, Gregory ocupaba un trono de ébano tallado con garras de lobo. Un vaso de whisky de malta de 50 años tintineaba suavemente en su mano mientras sus ojos ávidos devoraban los informes esparcidos sobre el escritorio: fotografías de Ivanka entrando a un hotel de Las Vegas, transcripcione