Los primeros rayos del sol atravesaron el ventanal de la biblioteca como cuchillas doradas, reflejandose directamente sobre los párpados cerrados de Gianni. Se incorporó con un gruñido, cada músculo protestando por la noche pasada en el sofá de cuero, el cuello rígido, la espalda convertida en un mapa de contracturas. El martilleo en sus sienes era el eco furioso de la botella vacía de whisky que yacía en la mesa baja, testigo mudo de su derrota emocional.
Se frotó los ojos con los nudillos, la