El aire en la biblioteca de la mansión napolitana de Gianni olía a cuero viejo, polvo de siglos y la furia contenida que emanaba del hombre sentado tras el escritorio de ébano. Una semana. Siete días interminables de rastrear satélites, hackear bases de datos gubernamentales y criminales, presionar contactos desde los bajos fondos de Marsella hasta las oficinas blindadas de Moscú. Siete días de silencio absoluto. Ivanka Volkova se había esfumado como humo.
Un hombre corpulento, vestido con un tr